¿Cómo aprendí inglés?
Tuve la fortuna de acudir a la “escuela superior” (high school), conocida mejor en hispano-america como bachiller. Los caminos al aprendizaje no son forjados de igual manera, y pensando en mi travesía personal, creo que hubo varios factores que propiciaron mi formación en el trayecto. Es fundamental entender que hay quienes tienen un don lingüístico, primordialmente lo que hizo mi aprendizaje más acelerado tuvo que ver con mi natural dominio de mi lengua materna. Quien tiene bajo control su propio idioma, tiene la mitad de la batalla ganada; no es casualidad que aquellos que crecen con padres que hablan diferentes idiomas en un país donde se hable un tercer idioma ajena a los que hablan los padres, terminan dándonos las mejores opciones multilinguisticas para un sujeto, siempre y cuando los padres les hablen activamente en sus idiomas desde siempre a sus hijos. Curiosamente, una de las cosas que más hace a los hijos aprender el idioma maternal o paternal es para poder hablar abiertamente de uno (padre) u otra (madre) y ganar un terreno favorable con los padres, quienes nunca llegan a dominar ninguno de los lenguajes involucrados como sus hijos.
De manera que lo más importante para aprender un lenguaje es vivirlo en su día a día, y empezar lo más temprano posible. Cualquiera que hable más de un dos idiomas, se da por sentado que empezó desde chico, y que no tuvo solamente suerte con la escuela o los padres; y de contar con uno de estos sistemas, apostaría a que los padres tienen predominantemente la ventaja de hacer a sus hijos multilingües, aunque ellos mismos no hablen más que un idioma; bastaría con que vivan por unos años en países de diferentes lenguas, o que los padres dominen más de un idioma, para que el bicho idiomático se vuelva parte de su Dentro del sistema educativo, había desventajas para los hablahispanos, puesto que se nos enseñaban todas las otras materias de estudio en nuestro idioma. Un japonés, o un rumano, incluso un brasilero (país que califica dentro del léxico “Latinoamericano” (idiomas que descienden del latin en el continente americano, como el portugues brasilero, cualquiera que no fuese hispano) que ingresa al bachiller estadounidense (High School) tiene clases de matemática en inglés, clases de ciencias sociales en inglés, y aunque pareciera una ventaja escandalosa, lo curioso es que no tenía gran ventaja en la práctica, pues los hispano-hablantes terminaban por aprender el lenguaje anglosajón casi tan rápidamente como los demás, integrándose con una rapidez abrumadora muy a pesar de que el sistema estuviera diseñado con una desventaja tan abrumadora. Si hablas castellano, terminas con dos clases de inglés diarias, a diferencia que cualquier otro idioma, que contaría con todas sus clases en inglés. De no haber sido por los excelentes profesores de la High School, particularmente un estimado profesor argentino que me asesoró en tomar todas mis clases en inglés desde el primer día de clases, no hubiera tenido la facilidad con la que cuento hoy en día para disertar en ambos idiomas.
Conté con la oportunidad de tener primos que habían crecido acá, que vivían sus vidas en inglés, veían televisión en inglés, se la pasaban hablando en esa lengua; lo cual propulsó mi aprendizaje, sin lugar a dudas. Nada como no saber lo que se dice de ti para que aprendas en un santiamén a disertar en lengua forastera. La competencia genera tal fenómeno, porque el “chisme”, particularmente en la adolescencia, es un precursor de autonomía y ser anatómicamente el único anfibio en una pecera que nada con una sola aleta, no llega a cubrir su estrecho mundo. El inglés es fácil, en comparación al castellano, que cuenta con tantas jergas, haciendo que incluso los nativos se sientan foráneos en otras tierras que no sean las suyas. En Venezuela, no sabia lo que decían mis propias hermanas de mi; ellas llevaban viviendo años en Venezuela, pero aprender la jerga no me tomó mucho tiempo. Es canson, cuando viajas a Cancún, Méjico; o a la isla puertorriqueña; o a la República Dominicana; o a Barcelona, España; y encontrarte con que tienes que aprender de nuevo los mismos trucos, pero nada nos impulsa más a aprender que el agravio de sentirnos insuficientes en nuestro entorno. Es equivalente casi a una desabilidad física, o mental; y el inglés que se enseña no solamente tarda una eternidad en rendir fruto, siendo a la larga como el equivalente a darle a un cojo una muleta, sin enseñarle a caminar por sí solo. De hecho, los bastones son útiles, incluso para gente que no los necesita; fomentan la buena postura y ayudan a mejorarla con el uso diario, por lo que leer a otros y aprender de otras maneras que puedan servir de utilidad personal, ya que nadie aprende de una sola, pueden ayudar.
En este caso, voy a recalcar la importancia de un guía personal que fue casi fundamental en mi dominio del idioma inglés antes de llegar a los Estados Unidos, y que cambió mi manera de ver el aprendizaje de dicho idioma como algo asequible. El libro que leí antes de emigrar a los Estados Unidos se llama Inglés Básico, A. Ghio. D. Si pueden conseguirlo, servirá de guía gramatical, y como tal sistema, hay muchos, siempre que honren el tributo de enseñar un inglés asequible e inmediato que empiece por arrojar al estudiante al agua y no meramente a describir la mar.
De manera que lo más importante para aprender un lenguaje es vivirlo en su día a día, y empezar lo más temprano posible. Cualquiera que hable más de un dos idiomas, se da por sentado que empezó desde chico, y que no tuvo solamente suerte con la escuela o los padres; y de contar con uno de estos sistemas, apostaría a que los padres tienen predominantemente la ventaja de hacer a sus hijos multilingües, aunque ellos mismos no hablen más que un idioma; bastaría con que vivan por unos años en países de diferentes lenguas, o que los padres dominen más de un idioma, para que el bicho idiomático se vuelva parte de su Dentro del sistema educativo, había desventajas para los hablahispanos, puesto que se nos enseñaban todas las otras materias de estudio en nuestro idioma. Un japonés, o un rumano, incluso un brasilero (país que califica dentro del léxico “Latinoamericano” (idiomas que descienden del latin en el continente americano, como el portugues brasilero, cualquiera que no fuese hispano) que ingresa al bachiller estadounidense (High School) tiene clases de matemática en inglés, clases de ciencias sociales en inglés, y aunque pareciera una ventaja escandalosa, lo curioso es que no tenía gran ventaja en la práctica, pues los hispano-hablantes terminaban por aprender el lenguaje anglosajón casi tan rápidamente como los demás, integrándose con una rapidez abrumadora muy a pesar de que el sistema estuviera diseñado con una desventaja tan abrumadora. Si hablas castellano, terminas con dos clases de inglés diarias, a diferencia que cualquier otro idioma, que contaría con todas sus clases en inglés. De no haber sido por los excelentes profesores de la High School, particularmente un estimado profesor argentino que me asesoró en tomar todas mis clases en inglés desde el primer día de clases, no hubiera tenido la facilidad con la que cuento hoy en día para disertar en ambos idiomas.
Conté con la oportunidad de tener primos que habían crecido acá, que vivían sus vidas en inglés, veían televisión en inglés, se la pasaban hablando en esa lengua; lo cual propulsó mi aprendizaje, sin lugar a dudas. Nada como no saber lo que se dice de ti para que aprendas en un santiamén a disertar en lengua forastera. La competencia genera tal fenómeno, porque el “chisme”, particularmente en la adolescencia, es un precursor de autonomía y ser anatómicamente el único anfibio en una pecera que nada con una sola aleta, no llega a cubrir su estrecho mundo. El inglés es fácil, en comparación al castellano, que cuenta con tantas jergas, haciendo que incluso los nativos se sientan foráneos en otras tierras que no sean las suyas. En Venezuela, no sabia lo que decían mis propias hermanas de mi; ellas llevaban viviendo años en Venezuela, pero aprender la jerga no me tomó mucho tiempo. Es canson, cuando viajas a Cancún, Méjico; o a la isla puertorriqueña; o a la República Dominicana; o a Barcelona, España; y encontrarte con que tienes que aprender de nuevo los mismos trucos, pero nada nos impulsa más a aprender que el agravio de sentirnos insuficientes en nuestro entorno. Es equivalente casi a una desabilidad física, o mental; y el inglés que se enseña no solamente tarda una eternidad en rendir fruto, siendo a la larga como el equivalente a darle a un cojo una muleta, sin enseñarle a caminar por sí solo. De hecho, los bastones son útiles, incluso para gente que no los necesita; fomentan la buena postura y ayudan a mejorarla con el uso diario, por lo que leer a otros y aprender de otras maneras que puedan servir de utilidad personal, ya que nadie aprende de una sola, pueden ayudar.
En este caso, voy a recalcar la importancia de un guía personal que fue casi fundamental en mi dominio del idioma inglés antes de llegar a los Estados Unidos, y que cambió mi manera de ver el aprendizaje de dicho idioma como algo asequible. El libro que leí antes de emigrar a los Estados Unidos se llama Inglés Básico, A. Ghio. D. Si pueden conseguirlo, servirá de guía gramatical, y como tal sistema, hay muchos, siempre que honren el tributo de enseñar un inglés asequible e inmediato que empiece por arrojar al estudiante al agua y no meramente a describir la mar.
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